Lo que más me gusta de las óperas es el final del espectáculo en sí. Durante los actos no se me mueve un pelo. Sí me emociona, en cambio, ver a la gente pararse y aplaudir el talento y pasión de otros; me emociona la respuesta del intérprete.
Plus: Odio tener que leer en la pantallita los subtítulos, ¡qué asco!